Seguir a Jesús con los ojos abiertos

Miércoles 4 de noviembre de 2026

Miércoles de la 31a semana del Tiempo Ordinario
Evangelio: Lc 14,25-33.

«El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo»

Lc 14,25-33.

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Reflexión

Todos sabemos que lo que vale la pena cuesta. Nadie levanta una casa sin hacer cuentas, ni sale a un viaje largo sin pensar en el camino. Jesús nos habla así, con la sencillez de quien conoce la vida: seguirlo no es cosa de un momento de entusiasmo, sino una decisión pensada y sostenida. Cuántas veces empezamos algo con ganas, un estudio, un trabajo, un propósito, y lo dejamos a medias cuando llegan las dificultades. El Señor no quiere discípulos de arranque, sino de constancia. Y nos invita a mirar con verdad qué ocupa el primer lugar en nuestro corazón.

Cuando Jesús dice que hay que amarlo más que a la propia familia, no nos pide querer menos a los nuestros. Nos enseña el orden del amor: si Dios ocupa el primer lugar, todos los demás amores se vuelven más limpios y más grandes. La cruz de la que habla no es buscar el sufrimiento, sino aceptar con amor lo que cuesta vivir como cristiano: perdonar, ser honestos, servir sin aplausos. Y renunciar a todo no es quedarse sin nada, sino no dejar que las cosas nos manden. Quien se apoya en Dios camina con libertad, como dice san Pablo hoy: Dios es quien obra en nosotros el querer y el actuar.

En casa se aprende a seguir a Jesús con cosas pequeñas. La cruz de cada día puede ser la paciencia con un hijo que no obedece, el cansancio de quien trabaja de sol a sol, el cuidado de un abuelo enfermo o el esfuerzo de llegar a fin de mes. Si lo vivimos con amor y lo ofrecemos al Señor, esa cruz se vuelve camino de santidad. Pongamos a Dios en el centro del hogar: una oración juntos, una mesa bendecida, un perdón pedido a tiempo. Así los hijos aprenden que amar a Jesús primero no aleja de la familia, sino que la une más fuerte.

Santo del día: San Carlos Borromeo

San Carlos Borromeo fue obispo de Milán en el siglo XVI, en tiempos difíciles para la Iglesia. Venía de una familia noble y rica, pero dejó las comodidades para servir a Dios y a los más necesitados. Se dedicó a reformar la vida de los sacerdotes, a fundar seminarios y a enseñar el catecismo a los niños. Cuando llegó la peste a Milán, no huyó: salió a atender a los enfermos y compartió con los pobres lo que tenía. Así vivió lo que Jesús pide hoy: renunció a lo que poseía, cargó su cruz y puso a Cristo en primer lugar. Su vida nos enseña que seguir al Señor cuesta, pero da una alegría que nadie quita.

La Iglesia nos enseña

«Para seguir a Jesús es necesario negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día y seguirlo; solo así se puede participar en su gloria.»

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1615 y 2015 (conviene verificar el número exacto)

Los Padres de la Iglesia

«Que nada se anteponga a Cristo, así como él nada antepuso a nosotros.»

San Cipriano de Cartago, Sobre la oración del Señor

«Ordena tus amores, no sea que ames poco lo que tienes que amar mucho y ames mucho lo que tienes que amar poco»

Idea de san Agustín sobre el orden del amor, Sobre la doctrina cristiana, libro I

La voz del Papa

Los Papas han repetido que seguir a Jesús no es un adorno ni una costumbre, sino una decisión de vida. El Papa Francisco enseñaba que ser discípulo implica poner a Jesús en el centro y animarse a cargar la cruz de cada día con alegría, sabiendo que él camina a nuestro lado y nunca nos deja solos en la dificultad.

Papa Francisco, enseñanzas sobre el discipulado en el Ángelus y homilías (sin documento específico)

Ejercicio del día: Caridad

Hoy elige a una persona que esté pasando un momento difícil, un vecino, un familiar o un compañero, y cárgale un poco su cruz: llámala, visítala o ayúdala con algo concreto, sin esperar nada a cambio.

Para conversar en familia

¿Qué cosa o persona ocupa el primer lugar en nuestra casa, y cómo podemos poner a Jesús de primero?

Oración

Señor Jesús, tú nos llamas a seguirte con el corazón libre y los ojos abiertos. / Danos fuerza para cargar nuestra cruz de cada día sin quejarnos. / Que nada ni nadie ocupe tu lugar en nuestra vida, y que en casa te amemos primero. / Amén.

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