Viernes 6 de noviembre de 2026
Viernes de la 31a semana del Tiempo Ordinario
Evangelio: Lc 16,1-8.
«Los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz»
Lc 16,1-8.
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Reflexión
Este administrador sabe que se le acaba el puesto y se pone las pilas. No se queda lamentándose: piensa, se mueve y busca cómo asegurar su futuro. Jesús no aplaude su trampa, sino su rapidez para actuar. Cuántas veces en Venezuela vemos a la gente ingeniárselas con una creatividad admirable para sacar adelante a su familia: el que vende en la esquina, la que cose por encargo, el que arregla lo que sea. Esa viveza, bien orientada, es un don. La pregunta es hacia dónde la dirigimos: ¿solo a salvarnos nosotros, o también a hacer el bien?
Jesús nos hace una comparación: los que no conocen a Dios se esfuerzan más por sus asuntos de aquí que nosotros por los del cielo. A veces rezamos con pereza y amamos con el mínimo esfuerzo, mientras que para un negocio no escatimamos tiempo. El Señor nos invita a poner en la fe la misma energía e ingenio. San Pablo nos recuerda que somos ciudadanos del cielo. Eso no nos aleja de la tierra, sino que nos hace administrar mejor lo que Dios nos ha confiado: el tiempo, los talentos, los bienes y el cariño, sabiendo que un día daremos cuenta.
En casa también somos administradores de lo que Dios nos prestó: los hijos, la salud, el sueldo, las horas del día. Muchas veces gastamos nuestra astucia en resolver el problema del momento y se nos olvida invertir en lo que dura: una conversación sincera, un rato de oración juntos, una comida compartida sin televisor ni celular. Los abuelos tienen mucho que enseñar sobre esto. Si los padres usan su ingenio para sembrar valores y buenos recuerdos, los hijos aprenden que el verdadero tesoro de una familia está en el amor y en la fe vividos cada día.
Santo del día: San Leonardo de Noblac
San Leonardo vivió en Francia en el siglo VI. Según la tradición, era de familia noble y, en lugar de aferrarse a sus riquezas, las puso al servicio de Dios y de los demás. Se le recuerda por su cercanía con los presos y los más necesitados, a quienes ayudaba con generosidad. Su vida es una respuesta al Evangelio de hoy: él entendió que los bienes son para administrarlos con sabiduría y ponerlos al servicio del prójimo. Usó bien lo que recibió y por eso es modelo de administrador fiel, que no guarda para sí sino que comparte con alegría.
La Iglesia nos enseña
«Los bienes de la tierra están destinados a todos, y quienes los poseen son administradores y no dueños absolutos.»
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2402-2406 (resumen del tema; conviene verificar la redacción exacta)
Los Padres de la Iglesia
«No son tuyas las riquezas que posees: las has recibido para administrarlas, y lo que das al pobre no es regalo tuyo, sino algo que ya le pertenecía.»
San Basilio Magno, Homilía contra los ricos (idea recogida también por San Ambrosio)
«No compartir los bienes con los pobres es robarles y quitarles la vida; lo que tenemos no es nuestro, sino de ellos.»
San Juan Crisóstomo, Homilías sobre Lázaro, II
La voz del Papa
El Papa Francisco ha enseñado que Dios nos confía la creación, los bienes y los dones para que los cuidemos y los pongamos al servicio de todos, sobre todo de los más necesitados. Somos administradores, no dueños, y ser fieles significa usar con generosidad y sabiduría lo que hemos recibido, sin guardarlo solo para nosotros.
Papa Francisco, enseñanza sobre la administración de los bienes (conviene verificar el documento exacto)
Ejercicio del día: Caridad
Hoy pon tu ingenio al servicio de alguien. Piensa en una persona de tu familia o vecindad que pasa un mal momento y busca una forma concreta de ayudarla: un plato de comida, una llamada, un favor, un poco de tu tiempo.
Para conversar en familia
Si Dios nos pidiera cuentas hoy de lo que nos ha confiado, ¿en qué cosas buenas hemos usado bien nuestro ingenio y en cuáles podríamos mejorar?
Oración
Señor Jesús, tú nos confías tu tiempo, tus dones y tus bienes. / Danos un corazón despierto y creativo para hacer el bien. / Que no usemos nuestra astucia solo para nosotros, sino para servir a los demás. / Que al final de la vida podamos presentarte buenas cuentas. Amén.
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