Dios sale a buscar al que se perdió

Jueves 5 de noviembre de 2026

Jueves de la 31a semana del Tiempo Ordinario
Evangelio: Lc 15,1-10.

«Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido»

Lc 15,1-10.

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Reflexión

Todos hemos sentido alguna vez lo que es estar perdidos: sin rumbo, sin trabajo, sin ánimo, o alejados de quienes queremos. Y también sabemos lo que es perder algo valioso y no descansar hasta encontrarlo. Jesús parte de esa experiencia tan nuestra. Nadie en esta vida es un número de más ni una persona descartable. Cuando un hijo se descarría, cuando un vecino se aísla, cuando alguien cae en un error, el mundo suele murmurar, como los fariseos. Jesús, en cambio, se acerca, escucha y se sienta a la mesa. Así mira Dios a cada persona: con valor, con paciencia y con esperanza.

El pastor de la parábola deja las noventa y nueve ovejas y sale a buscar la que falta. Así es Dios con nosotros: no espera sentado a que volvamos, sale a nuestro encuentro. Cuando nos encuentra, no nos regaña ni nos arrastra; nos carga sobre sus hombros, lleno de alegría. La conversión no es primero un esfuerzo nuestro, sino dejarnos encontrar y cargar por Él. Y el cielo entero hace fiesta cuando alguien vuelve. Por eso la Confesión no es un tribunal que asusta, sino el abrazo del Pastor que nos levanta. Si hoy te sientes lejos de Dios, recuerda que Él ya te está buscando.

En casa también hay ovejas perdidas: el hijo que se encierra en el teléfono, el esposo que llega cansado y callado, el abuelo que se siente solo, el familiar que se alejó de la fe o de la familia. Jesús nos enseña a no murmurar ni a dar a nadie por perdido, sino a salir a buscarlo con cariño, como la mujer que enciende la lámpara y barre toda la casa. A veces buscar es llamar por teléfono, tender la mano, invitar a la mesa o pedir perdón primero. Y cuando alguien vuelve, que en la familia se haga fiesta y no reproche. Así se parece nuestro hogar al corazón de Dios.

Santo del día: Beato Bernardo Lichtenberg

Bernardo Lichtenberg fue un sacerdote alemán, párroco de la catedral de Berlín en tiempos del nazismo. Cuando muchos callaban, él levantó la voz y oró públicamente por los judíos perseguidos y por los más perseguidos y olvidados. Por eso fue arrestado y murió en 1943, camino a prisión, ya muy enfermo. Como el pastor del Evangelio, no dio por perdidos a los que el mundo despreciaba: salió a defender a los más frágiles, sin miedo. Su vida nos enseña que amar a quien está lejos o es rechazado es, muchas veces, el camino concreto para parecernos al corazón de Dios.

La Iglesia nos enseña

«Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; su misericordia sale al encuentro de quien se ha perdido.»

Catecismo de la Iglesia Católica, 1428-1429 (verificar redacción exacta)

Los Padres de la Iglesia

«Dios es paciente y espera con misericordia que el pecador vuelva a Él, porque no desea su perdición sino su conversión.»

San Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia

«El Buen Pastor carga sobre sus hombros la oveja perdida, es decir, a la humanidad que Él mismo ha venido a rescatar.»

La voz del Papa

El Papa Francisco ha enseñado que la misericordia de Dios es su rostro más verdadero: un Padre y Pastor que no se cansa de buscar, que nunca da a nadie por perdido y que hace fiesta por cada hijo que regresa. Nos invita a ser una Iglesia que sale al encuentro y que acoge sin juzgar.

Papa Francisco, Misericordiae Vultus (2015) y Evangelii Gaudium (2013)

Ejercicio del día: Caridad

Piensa en alguien de tu familia o vecindad que se haya alejado o que esté pasando un mal momento. Búscalo hoy: llámalo, escríbele o visítalo, sin reproches, solo para decirle que lo aprecias y que lo tienes presente.

Para conversar en familia

¿A quién de nuestra familia o vecindad sentimos que hemos dejado un poco solo, y cómo podemos acercarnos a él esta semana?

Oración

Señor Jesús, Buen Pastor, gracias porque nunca te cansas de buscarme. / Cárgame sobre tus hombros cuando me sienta perdido. / Enséñame a buscar con cariño a quienes se han alejado, / y a alegrarme contigo cuando vuelvan a casa. Amén.

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