Todo está preparado, ¿vienes?

Martes 3 de noviembre de 2026

Martes de la 31a semana del Tiempo Ordinario
Evangelio: Lc 14,15-24.

«Vengan, todo está preparado»

Lc 14,15-24.

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Reflexión

Todos conocemos las excusas: «ahora no puedo», «tengo mucho que hacer», «después voy». El campo, los bueyes, la boda: en el Evangelio nada de eso es malo. Pero cuando las ocupaciones se vuelven lo único importante, se nos pasa la vida sin sentarnos a la mesa de lo esencial. En Venezuela corremos mucho por el trabajo, las colas, las diligencias y el sustento de la casa. Y eso es digno. El peligro es que las cosas buenas nos quiten el tiempo para lo mejor: Dios, la familia, el hermano que nos necesita.

Dios no nos invita a una carga, sino a un banquete. Él ya lo preparó todo y solo espera que le digamos que sí. San Pablo nos lo muestra hoy en la primera lectura: Cristo, siendo Dios, se hizo siervo y bajó hasta nosotros para sentarnos a su mesa. Cada Misa es ese banquete. Cuando el dueño ve que los invitados se excusan, no cierra la fiesta: abre las puertas a los pobres, a los lisiados, a los ciegos. Dios prefiere una casa llena de necesitados que una mesa vacía. Su amor no se rinde: sale a los caminos a buscarnos.

En casa también se prepara una mesa, y a veces nadie llega a tiempo: uno con el teléfono, otro con la tarea, otro con el trabajo. Hoy el Señor nos invita a no dejar que lo urgente nos robe lo importante. Sentarnos juntos a comer, sin pantallas, es una forma de aceptar la invitación. Y recordemos también la mesa grande del vecino que está solo, del abuelo que casi nadie visita, del que no tiene quién lo invite. Que nuestra casa sea como la de la parábola: con la puerta abierta y con sitio para uno más.

Santo del día: San Martín de Porres

San Martín de Porres nació en Lima, Perú, en el siglo XVII, hijo de un español y de una mujer afrodescendiente. Fue hermano dominico, de origen humilde, y se dedicó a cuidar enfermos, a alimentar a los pobres y a atender a los más rechazados. Él entendió muy bien la parábola de hoy: abrió la mesa y la casa a los que nadie invitaba, los pobres, los enfermos, los despreciados. Para Martín, cada necesitado era un invitado de Dios. Su vida nos enseña que aceptar la invitación del Señor significa también sentar a los demás a nuestra mesa, con sencillez y alegría.

La Iglesia nos enseña

«La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana.»

Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, n. 11

Los Padres de la Iglesia

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»

San Agustín, Confesiones, libro I, cap. 1

«Si quieres honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecies cuando lo encuentres desnudo en el pobre.»

San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 50

La voz del Papa

El papa Francisco ha insistido en que la Iglesia debe ser una casa de puertas abiertas, que sale a buscar a los alejados y a los pobres, y no se queda encerrada en sí misma. Como el sirviente de la parábola, estamos llamados a salir a las plazas y a los caminos para invitar a todos al banquete del Señor, sin excluir a nadie.

Papa Francisco, Evangelii Gaudium

Ejercicio del día: Caridad

Hoy invita a alguien que esté solo a compartir una comida o un café: un vecino, un familiar mayor, un amigo triste. Si no puedes llevarlo a tu mesa, llévale un plato o llámalo y dedícale tiempo.

Para conversar en familia

¿Qué cosas buenas nos están quitando el tiempo para sentarnos juntos y para estar con Dios?

Oración

Señor Jesús, gracias porque nos invitas a tu mesa y todo lo tienes preparado. / Perdona nuestras excusas y nuestras prisas. / Ábrenos el corazón para decirte que sí / y para abrir la puerta de nuestra casa a quien más te necesita. Amén.

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