Martes 3 de noviembre de 2026
Martes de la 31a semana del Tiempo Ordinario
Evangelio: Lc 14,15-24.
«Vengan, todo está preparado»
Lc 14,15-24.
Leer las lecturas completas de hoy
Reflexión
Todos conocemos las excusas: «tengo mucho trabajo», «ahora no puedo», «después voy». En el Evangelio, los invitados no rechazan al dueño por maldad, sino porque están demasiado ocupados con sus cosas: el campo, los bueyes, la familia. Así nos pasa a veces. La vida corre, el trabajo aprieta, la cola nos consume la mañana, y se nos olvida lo más importante. Las cosas buenas pueden volverse excusas si les damos el primer lugar. Hoy el Señor nos recuerda que hay una invitación que no se puede dejar para después.
Dios no deja de invitar. Prepara el banquete y manda a decir: «todo está preparado». No pide que lleguemos perfectos, sino que vengamos. Cuando los primeros invitados se excusan, el dueño no cancela la fiesta: abre las puertas a los pobres, a los enfermos, a los que nadie invitaba. Así es Dios: su mesa no se queda vacía. San Pablo nos lo dice en la primera lectura: Cristo se hizo servidor y se abajó hasta lo más pequeño. Nosotros también somos esos invitados de las plazas y los caminos, llamados por pura gracia. La pregunta es si vamos a entrar o si vamos a poner excusas.
En casa también hay una mesa a la que todos están invitados. Pero cuántas veces cada quien come por su lado, con el celular en la mano o con la prisa del trabajo. La Eucaristía del domingo, la oración antes de comer, la conversación de la noche: son invitaciones del Señor que no deberíamos dejar para después. Que los papás den el ejemplo de no ponerle excusas a Dios, y que los hijos vean que en esta familia siempre hay lugar para la mesa compartida. Y que nuestra mesa tenga un puesto abierto para el vecino solo, el abuelo olvidado o el que pasa necesidad.
La Iglesia nos enseña
«La Eucaristía es la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana.»
Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 11
Los Padres de la Iglesia
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»
San Agustín, Confesiones, libro I, capítulo 1
«Si quieres honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecies cuando lo veas desnudo en el pobre.»
San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 50
La voz del Papa
El Papa Francisco insistió muchas veces en que la Iglesia debe ser una casa de puertas abiertas, donde todos tengan lugar y nadie quede afuera. Dios no invita solo a los que se sienten dignos, sino sobre todo a los pobres, a los que sufren y a los que están en las periferias. Aceptar la invitación del Señor es dejar que su alegría llene nuestra vida y nos mueva a invitar a otros.
Papa Francisco, Evangelii Gaudium
Ejercicio del día: Caridad
Hoy invita a alguien que suele estar solo a compartir algo contigo: un café, una comida, una conversación o una llamada. Pueden ser un vecino, un familiar mayor o un compañero de trabajo. Dale un lugar en tu mesa.
Para conversar en familia
¿Qué «excusas» ponemos en nuestra familia para no ir a Misa, rezar juntos o compartir la mesa, y cómo podemos quitarlas?
Oración
Señor Jesús, tú nos invitas a tu mesa y nos dices que todo está preparado. / Perdona las veces que te hemos puesto excusas. / Danos un corazón abierto para venir a ti y para recibir a los demás. / Que nuestra casa sea siempre una mesa con lugar para todos. Amén.
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